Dicen que si deseamos algo con todas nuestras fuerzas, Dios, Buda, El Universo o el Capitán América puede hacerlo realidad, lo que no nos explican es que muchas veces este ‘deseo cumplido’ puede venir con algunas letras pequeñas.

Luego de una profunda crisis existencial -que afortunadamente no se manifestó con una tatutaje o cabello rapado- el 31 de diciembre de 2019 el __________ (inserte aquí el líder espiritual de su preferencia) escuchó el deseo de una mujer aburrida con su propia vida: quiero viajar durante tres meses por Europa SOLA.

El 11 de marzo, como si se tratara de una carta certificada, ese deseo se cumplía. Fini aterrizaba en el aeropuerto Adolfo Suárez, luego de un largo viaje de 8 horas -venía del otro lado del charco- con mucho vino en el cuerpo, una sola maleta como equipaje y por supuesto su mas fiel compañera: LA CULPA.

(Ah perdonen, Fini es la mejor amiga que cualquier persona puede tener en el mundo. Posee múltiples personalidades porque se le conoce también como ‘la madre de ese niño adolescente que nadie soporta’, ‘la que no se arregla’, ‘la que nunca tiene tiempo’, ‘la divorciada’).

Fini tiene 48 años, un divorcio, un hijo que ni a ella le cae bien y millones de ansiolíticos en su torrente sanguíneo. ¿ya ven por qué pidió un único deseo?

Llegó a Madrid ‘a por todas’ como dicen los españoles.

¡Tengo todo controlado! fue lo primero que pensó al abrir su maleta en ese pequeño apartamento que alquiló a través de Air bnb, sin imaginar que un nuevo acompañante se metía sin invitación en su deseo de fin de año: el coronavirus o covid-19.

  • ¿Cómo que nadie puede salir de sus casas? Pero es que ni siquiera estoy en la mía’.

Se preguntaba Fini mientras escuchaba al presidente Pedro Sanchez hablar sobre la pandemia y sumarse así a lo que el resto del mundo ponía en práctica: aislamiento total.

¿Pero de qué diablos va la vida?

Luego de mucho vino y cientos de mensajes en su whatsapp Fini rescató algo positivo de su deseo: ‘¡Coño pero al menos estoy sola! Vivir un confinamiento encerrada con mi hijo sería el fin de todos los tiempos’.

Así que comenzó hacer lo que dictaba ‘la nueva normalidad’: ver los en vivos del chef Jordi Cruz por Instagram, hacer bailoterapia online, visitar los museos más importantes de Europa a través de tours virtuales y por supuesto abrirse una cuenta en Tinder.

¡Bingo! ¡Lotería! ¡Flechazo! Fini no conocía muy bien cómo era el término digital, pero lo que realmente importaba era que alguien estaba interesado por ella -y el interés era mutuo-.

No se sentía sola, la hacía feliz recibir mensajes de Mauricio, su tinder love (entre los cientos de su hijo quejándose por su padre) dándole los ‘buenos días’, recomendándole un buen libro o contándole sobre su aburrido trabajo como contador.

Como en toda ‘relación’ o coqueteo, llegó el momento de pasar al ‘siguiente nivel’ -y más cuando se está de 48 años- solo que Fini no tenía ni la más pu%# idea de cómo hacerlo (llevaba tantos años sin estar con alguien de forma tradicional, es decir en persona, que hacerlo de manera digital a través de un teléfono inteligente la enredaba aún más)

  • ¿Qué llevas puesto? (mensaje de Mauricio por Whatsapp)

‘Si le digo que la misma pijama de hace tres días creo que no volverá a escribirme’.

‘¿Qué le mande una foto de mi quéééé?’

El confinamiento a Fini le hizo entender que los tiempos habían cambiando y que tenía que adaptarse. Se apuntó a doble clase de zumba, compró lencería online -luego de fallar un par de veces en su talla y agregar una letra más de forma ascendente-, aprendió hacerse el eyeliner y poner la luz del cuarto tenue para sus video llamadas con su tinder love.

Se sentía plena. A pesar de no visitar esas ciudades europeas que tenía en su itinerario, pudo conocer otras zonas de su cuerpo nunca antes exploradas, gracias a su tinder love.

Y así entre fotos de verano -como le decía ella por lo caliente que eran- y video llamadas con poca -o ninguna- ropa, el tiempo del confinamiento pasó muy rápido, en esa ciudad que no conocía y en la que tenía el presentimiento que se iría sin conocer, pero con la satisfacción de materializar con Mauricio todo lo que ya habían practicado de forma digital.

El fin del confinamiento tenía ya 5 días en marcha.

Fini preparaba su regreso a casa y también su cita con su tinder love.

‘He visto películas en las que los mejores viajes terminan con un amor pasajero y ya casi que me siento como la protagonista de una de éstas. ¿Creías que te ibas a burlar de mi Universo?

Lencería nueva. Vino comprado -cena también- y la cita con Mauricio en su pequeño piso de Air bnb agendada para el viernes a las 8:00 pm. -Fini se iba del Madrid que nunca recorrió el domingo a primera hora-.

Unos ‘buenos días’ distinto a los de todo el confinamiento recibió el teléfono celular de Fini ese viernes por la mañana.

  • Mauricio ¿te paso algo?
  • Di positivo en la PCR.