Comienzo por aclarar que no pretendo hacer una crítica sobre la serie original de Netflix: Emiliy en Paris, tampoco decir si es buena o mala mucho menos si la recomendaría o no. Solo quiero escribir mi opinión luego de ver –con algo de esfuerzo- los 10 capítulos de la historia de una chica que trabaja en Chicago como ejecutiva de marketing y que por ‘cosas de la vida’ viaja a Paris  sin hablar el idioma para brindar sus conocimientos sobre el manejo de redes sociales en una agencia de publicidad que tiene como clientes marcas de lujos (su jefa era quien debía estar en ‘la ciudad de la luz’ pero inesperadamente queda embarazada y no puede asumir el cargo).

Dicen que los franceses están molestos con esta serie y vaya ¡yo también lo estaría si ese fuera mi gentilicio!.

Es que Emiliy Cooper (personaje que interpreta Lily Collins) ya saben la chica del marketing, la que no habla francés pero ocupa un cargo ejecutivo en el que debe mantener reuniones con clientes no americanos, critica #SinFiltro  la forma en cómo viven y conciben el trabajo los franceses, queriendo hacer ver que los estadounidenses son sumamente apasionados en todo lo que hacen. Además de esto, durante la serie tuve la impresión que Emily solo resume la ciudad en croissant, romance y caca de perro

No sé si sea la edad, el encierro o qué pero últimamente me he sentido un poco subestimada con el contenido de algunas plataformas digitales, incluyendo Netflix.  ¿Alguien más ha tenido esta sensación?

Para ir al punto, lo que más me asombra de esta serie es cómo conciben el marketing y la irrealidad total de lo que significa tener un trabajo como el de Emily Cooper, no en vano la comparan con el engaño que nos hicieron creer con Carrie Bradshaw, una de las protagonistas de la serie Sex and the city. Ninguna escritora con una columna semanal sobre sexo en un periódico puede vivir en un apartamento en New York, sola, con un súper armario lleno de ropa y comprar zapatos Manolo Blahnik de 500$ ¡eso es MENTIRA!

Como también lo es que por publicar fotos comiendo croissant en ‘la ciudad más romántica del mundo’  o por haber pisado la caca de un perro que alguien no recogió, te conviertas en una influencer de Instagram con mas de 20 mil seguidores.

Si, ahora que escucho mis pensamientos mientras escribo me doy cuenta que me convertí en una mujer de edad y por eso no puedo grabar una historia en mi cuenta de IG diciendo: ¡acabo de ver Emily en Paris y me encantóóóóó!

El cuento de Carrie Bradshow me lo creía a mis mediados 20, quizás por eso ahora en mis 40   ninguna Emily Cooper me va a venir a decir que crear contenido digital es tan fácil y orgánico como subir una foto y ponerle apenas dos etiquetas o hashtag.

-Nota al margen- Que no todo está perdido para las aspirantes a ser influencers express y vivir de regalos. Enseñar algo más que la personalidad en redes sociales puede subir los números. Me refiero a los ‘medios nudes’. Pero ojito que esta ‘estrategia de marketing’ no funciona en todo el globo terraqueo. ‘Expertos’ o ‘gurus’ afirman que tiene mejores resultados si estás en el continente Americano así que algo de geografía debes saber.

Confieso que cada vez que escucho a un niño –llámese una persona entre 12 y 21 años- diciendo que quiere ser youtuber o influencer siento que la humanidad fracasó, comenzado con Jesucristo que si hubiera sabido que en el futuro éstas serían las nuevas aspiraciones profesionales de una persona, estoy segura que no se hubiera sacrificado por nosotros ¡le apuesto dinero a esto!

En fin, que lo siento mucho Emily pero esfuérzate un poquito más en darle valor a la creación de contenido digital y diseño de estrategias para marcas, que ya está bastante subestimado en el mercado. Y si, lo sé, es contenido de entretenimiento pero así como estoy un poco abrumada con esta ‘nueva normalidad’, también lo estoy con esa ‘falsa idea de vida’ que nos han hecho creer desde el origen del mundo.