Fármaco con propiedades analgésicas. Combate el síndrome del impostor, las inseguridades femeninas, los sentimientos de culpa y el miedo desmedido a hablar en público.

Cápsula blanda de 500 miligramos que debe ingerirse antes de hacer una presentación en el trabajo, publicar un texto, regañar a los hijos o terminar una relación sentimental. Tomarla de forma correcta garantizará el éxito profesional, reforzará la autoestima y desaparecerá las voces perturbadoras que suelen reproducirse en las mentes femeninas. Venta sin prescripción médica.

¿Quién tomaría este fármaco si realmente existiera? ¿Cuánto disfrutaríamos de la vida si confiáramos un poco más en nuestras capacidades?

Cada día no solo lo vivo en carne propia, sino que también leo y escucho historias de mujeres asombrosas, altamente cualificadas que dudan de sus capacidades como profesionales, que prefieren ocultarse tras la sombra del anonimato y en muchos de los casos ceder su turno al compañero de trabajo más cercano.

¿Por qué? ¿Será algo en el agua? ¿Por qué es más fácil alimentar el miedo que la seguridad?

¿Puede acaso la industria farmacéutica desarrollar un medicamento altamente efectivo para combatir el síndrome del impostor? ¿Los científicos podrán descubrir que la autoestima se activa tomando dos horas de sol al día? ¿Será que el brócoli previene la anemia y combate las voces saboteadoras que invaden nuestros pensamientos?

Yo estoy dispuesta a ofrecerme como voluntaria para las pruebas de “la píldora del día anterior”. Que me tomen como ratoncito (jamás rata) de laboratorio. Que me manden en una cápsula espacial para ver sus efectos secundarios en ambientes sin gravedad.

Soy capaz de hacer lo que sea para evitar esta epidemia que al parecer es altamente contagiosa. Se hereda de generación en generación y presuntamente también puede contraerse a través de los grupos de Whatsapp.

Y aunque soy muy optimista y creo firmemente en la ciencia (más luego de la publicación de la primera foto de un agujero negro) me temo que eso de la pastillita no será tan fácil como parece.

Así que nos toca a cada una alimentar nuestra seguridad personal; convencernos del valor que tenemos en este planeta  y sobre todo de ayudar a toda mujer que veamos presa de sus propios miedos.

Toca creer primero en Dios, el Dalái Lama o Capitana Marvel y luego en nosotras (o viceversa o cualquier otra fórmula que nos funcione). En darnos una ‘palmadita’ en la espalda cada vez que conseguimos algo que hemos querido y por lo que hemos trabajado. Se vale todo: desde la publicación de un libro hasta haber ido al gimnasio una semana seguida. Ningún logro es demasiado pequeño si lo conseguimos por nuestros propios méritos.

¡Es momento de creer más en ti, en mi, en nosotras!

 

 

 

 

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