Advertencia: el siguiente post NO pretende promover el consumo de alcohol, mucho menos dar la sensación que es cool.


Es un hecho, estoy convencida: los días que dura una resaca es directamente proporcional a la edad, listo, no le busquemos explicaciones científicas.

Hay personas que se dan cuenta que están envejeciendo cuando les cuesta subir las escaleras, comienzan a perder masa muscular o los olvidos son más frecuentes. En mi caso, lastimosamente, acabo de llegar a la conclusión que nos estamos volviendo mayores cuando la capacidad de recuperación luego del consumo de alcohol -el mismo que solíamos hacer a los 25- dura más de 24 horas.

Al salir de la reunión mensual que pauto con mis amigas -una tarde de café, adiós a las rumbas hasta las 4 de la madrugada- pude constatar este hallazgo casi científico.

Lucía me cuenta que invitó a su esposo a una “fiesta retro” el día viernes,  una mega producción que se perdía de vista con la promesa de bailar hasta el amanecer. Ellos tras 6 cervezas cada uno, intentos fallidos por escucharse mientras hablaban y el consumo obligado del humo del cigarrillo de todos los presentes, por más que lo intentaron, aguantaron hasta las 2 am. Les tomó sábado y domingo recuperar tanto la voz como las ganas de salir de la cama de nuevo.

Patricia intentó hacer una ruta gastronómica -con vino incluido- con tres amigas que pasaban unos días de vacaciones por el país. 5 nombres de restaurantes se leían en la lista que ella misma escribió a mano -es una chica clásica- comida rica y la mejor cosecha también figuraban en ese papel pero el destino les jugó una mala pasada: luego de 3 restaurantes y dos botellas de vino entre 4 mujeres tuvieron que abortar el plan a las 10 de la noche porque tanto Patricia como una de las visitantes no podían mantener los ojos abiertos. Paty -que siempre ha sido la más coqueta del grupo- dice que le echaron algo en la bebida, todo para no reconocer que, luego de cumplir 37, su cuerpo lo más tarde que resiste son encuentros para tomar el té.

En mi caso la historia no deja de ser menos dramática. Quienes me conocen saben que adoro el whisky, mi medida máxima es hasta 5 tragos para dormir como un bebé de 3 meses y despertarme como si me hubiera hecho un refrescamiento facial.

Por estos días me encontraba algo baja de ánimo y para no tomarme un antidepresivo me decidí por un whisky. Estaba en la comodidad de mi casa y luego del primer trago me animé a ir por el segundo. Él lo preparó como me gusta y me acompañó en la sala mientras lo bebía a sorbos. De repente sentí el ímpetu de los 25 y le dije “quiero otro”.

¡Solo Dios sabe cuánto me arrepiento de no haberme tomado ese bendito antidepresivo!

Luego de tres whisky, pérdida de conciencia hasta las 3 de la mañana, el resto de la madrugada desvelada, todo un día sin salir de casa y 32 horas con dolor de cabeza, creo que mi relación con esta bebida ha terminado. Lo pude comprobar en una cena de amigos recientemente, cuando me sirvieron mi primer y único trago que con tan solo olerlo viajé al sofá de mi sala con la pijama puesta, el cabello enredado y la bolsa de hielo en la frente.

Luego del caso de Lucia, Patricia y el mío -todas con 37 años de edad- corroboro que definitivamente la duración de la resaca es directamente proporcional a la edad que llevamos  “con dignidad”.

 

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