Para: La Betty de 2042.

De: La Betty de 2017

 

¡Querida!

 

Es increíble lo bien que te ha funcionado ese mantra que repites mentalmente en tu cabeza desde hace más de 20 años: “Soy un bombón”.

Ya ves, no has necesitado aún esa cirugía de párpados que te  imaginas desde que tenías 25; has combatido y aceptado muy bien tus canas -ya no usas ´mechas´ en el cabello-, y finalmente hiciste del ejercicio un estilo de vida, así que “palmadita para ti en la espalda”.

Ahora bien, entrado más en detalle de tus últimos 25 años de vida déjame decirte que lo has hecho genial.

El mayor logro fue haber aceptado  la época decembrina, bajarle un poco a ese ´Grinch´ que siempre has llevado por dentro y entregarte un poco -tampoco mucho- a las festividades. Aunque claro, te siguen sangrando los ojos cuando ves a alguien usando ropa o accesorios de navidad, pero ese es otro tema.

Aprendiste muy bien eso de “¿qué vale más?  ¿tener la razón o vivir en paz?” así que ya no te enganchas con cualquiera, ni con discusiones sin sentidos. Haz hecho del silencio un lenguaje que dice más que mil gritos al unísono.

Te deshiciste de ese equipaje tan pesado que traías a cuesta desde niña y ahora te sientes tan liviana como una plumita. Hiciste limpieza de alma:  recuerdas  sin dolor, eliminas de inmediato  cualquier destello  de rencor que pueda asomarse en tu interior y practicas el perdón desde su esencia, no solo para otros sino para ti misma.

Eso de marcar posiciones firmes vaya que lo has mantenido a través del tiempo, solo que ya no eres tan rígida ni contigo ni con los demás. Aunque claro está, la sinceridad se te ha brotado como una fuente divina desde tu interior, así que dices lo que sientes sin perder tu esencia y sigues tu paso. Nada de dramas, nada de sufrimientos.

Afortunadamente desechaste esa bendita manía de ofrecer disculpas por lo que decías, sentías o hacías en casa o fuera de ella, porque comprendiste que el ser uno mismo no tiene por qué ofender a otro. En pocas palabras te libraste de ese fantasma que te acompañó por tanto tiempo: LA CULPA.

El seguir tu intuición te ha llevado a caminos maravillosos: ese proyecto  para nada perfecto que creaste a tus 37 años ha resultado ser lo mejor que te ha pasado en la vida. Escribir para ti se convirtió en algo tan vital como el chocolate y jamás volviste a saber de ese personaje llamado “jefe”, porque te convertiste en una emprendedora en su máxima expresión por varias partes del mundo.

Los años no te han hecho perder esa dualidad de ser una mujer amigable y ermitaña a la vez. Tan es así que tienes “un millón de amigos” por todo el planeta tierra, pero siempre reservas momentos solo para ti, que atesoras en lo más íntimo, sin espectadores. Aprendiste muy bien a vivir con lo necesario, tanto que aún mantienes la idea de pasar “tu jubilación” en un espacio ´mono ambiente´con mucha luz natural y con vista a alguna montaña que puedas llamar “El Ávila”.

Despides con alegría a tus viejos afectos que han ido cambiando de plano y a recibir en grande a los nuevos que se suman a tu vida. Ya no sufres por nada ni por nadie.

Tu nueva obsesión te la disfrutas en grande: comprar libros para leer hasta perder la conciencia.

Sigues siendo una mujer muy clásica que supo crear su propio estilo. Te reinventaste con el pasar de los años para ser perfectamente imperfecta.

Sabes decir NO y SI en su justa medida.

Inviertes menos tiempo y dinero en maquillaje, y más en comer y viajar. No te gusta para nada seguir reglas a la hora de vestir, pero esto no quiere decir que te desagrada el mundo de la moda. Tus uñas siempre deben llevar color para poder escribir en la computadora (una bendita manía que agarraste en el 2017) y el cabello lo llevas a ratos largo y otros corto.

Tu humor negro ha crecido con cada vela que le has sumado a tu pastel. Te ríes de todo y por todo. Finalmente conseguiste esa niña interior que por años oprimiste, cuando decidiste por ti misma ser un adulto precoz.

Cada surco, línea de expresión o “pata de gallo” que ha aparecido en tu rostro te la has vivido, abrazado y celebrado en grande, porque para ti es una manifestación que sigues viva. Y si bien es cierto que de momentos te angustias al sentir que la vida pasa muy rápido, has aprendido que lo mejor está por venir.

Eres una grande, una dura y te sigues llenando de amor cada vez que alguien te llama con cariño “mi Betty” porque siempre has estado ahí escuchando historias, compartiendo anécdotas y ayudando a través de las letras.

Espero haberme quedado corta en esta carta, que hayas hecho el doble de las cosas que aquí escribo y que sigas aborreciendo a los astrólogos y los libros de autoayuda.

Nos leemos nuevamente dentro de 25 años más “mi Betty”.

Anuncios