Lee más libros y menos las tablas calóricas de los alimentos. Mójate bajo la lluvia. Siente el sol en tu piel  y si es posible deja que te encandile por algunos segundos. Baja la ventana del carro, despéinate y al mismo tiempo deja que el viento acaricie tu cara.
Ama. Ama a un hombre, a una mujer, a los dos si gustas, pero ama. Atrévete a probar comidas “raras”, pero pruébalas para que tengas tu propia opinión y no la de otros. Cambia la pantalla de tu celular en las noches, por el balcón de tu casa para contemplar la luna.
Disfruta sin remordimientos de una deliciosa comida, un buen trago de whisky y de una estupenda compañía -así sea por una noche-. Camina descalzo, compra solo lo necesario, depura tu cuerpo, mente y alma una vez al mes. Vive sin rencor.
Haz lo que te apasiona, aún cuando a “los demás” no les guste. Sigue tu intuición. Habla menos, haz más. Saluda a todo aquel que te consigas en la calle. Pregúntale ¿cómo está? Al mesonero que amablemente coloca la silla para que te sientes. Regálale un café a esa persona que vez todas las mañanas hurgando en la basura.
Guarda el reloj para que así vivas en “modo presente”. Haz todo “ahora”: ese mail, esa llamada, esa visita, hazlo ya. No hables de otros, no juzgues, no critiques, simplemente preocúpate de ti y en qué puedes hacer para mejorar cada día. Mira más a las personas a sus ojos que a tu teléfono móvil.
No pretendas cambiar a las personas, mucho menos esperar algo a cambio. Recuerda: no puedes cambiar el mundo, pero si puedes cambiar tú estadía en él.
Regala detalles que alimenten el alma:  dedica canciones, envía un mensaje, escribe una nota, abraza más, besa sin que la otra persona lo espere, en definitiva se trata de sorprender. Guarda más lo momentos felices en tu corazón, que en la galería de fotos de tu celular.

Abrázate, dedícate palabras amables cada día. Llénate de gratitud. Enséñale a otro algo que le podrá ser útil en su vida. No busques la perfección, no existe, no eres perfecto, simplemente busca ser feliz. Arriésgate a crear tu estilo propio, inspírate en otros, sin copiar. ¡Qué importa sino combina tu camisa con el pantalón! Atrévete a romper paradigmas.
Jamás te disculpes por decir lo que piensas,  sientas o consideres que es lo correcto, eso sí exprésate siempre con respeto. Mantén posiciones. Aprende a decir: NO. HASTA AQUÍ. YA NO MÁS.
No te arrepientas por esa llamada que hiciste con unos tragos de más, por haberle dicho “te amo” a una persona que jamás volviste a ver, por reír tan alto que todos en la fiesta voltearon a verte. No sufras porque te despidieron de un trabajo o porque tu relación amorosa no funcionó, al final todo suma porque se traduce en experiencia.
Aprende a reírte de ti mismo. Se tu primer crítico. No destruyas el sueño de otro ni mucho menos dejes que lo hagan con el tuyo. Guarda distancia de lugares o personas cuando así lo sientas. Cree en Dios, en el Universo, en Buda, en Miley Cirus, en ti, pero cree. Fe es una palabra muy corta pero muy poderosa, no la subestimes.
Escucha. Observa. Aprende de cada situación, de cada persona que tengas a tu alrededor. Enriquece tu mente, pero sobre todo ábrela al entendimiento de aceptar que hay miles de formas de ver la vida y que todas son válidas.
No guardes nada: arráncale la etiqueta a esa camisa que compraste hace un año y destapa esa botella de vino que tienes reservada para una ocasión especial. El momento es hoy. Mañana no sabemos si estaremos.
Moja el pan con la salsa que quedó en el fondo del plato, dile a esa persona que tienes frente a ti lo bien que se ve, lánzate por el tobogán que está en el parque infantil. En definitiva solo se trata de vivir. Por muy difícil que pueda resultar una situación, piensa que todo pasará, como ha ocurrido en otros momentos que también consideraste oscuros.
Llora si así lo sientes. Ríe sin pudor. Canta en la ducha tan alto que los vecinos puedan escucharte. Baila cada vez que suene esa canción que tanto te gusta. Todo es cuestión de sentir.
En los funerales evita decir “te acompaño en tu dolor” o “no me quiero imaginar por lo que estás pasando”, simplemente abraza tan fuerte como puedas a esa persona que hoy sufre una perdida. Cuando no se tiene nada bueno que decir, la mejor opción es quedarse callado.
Alégrate por los triunfos de tus amigos, por los proyectos de tu familia, por la llegada de un bebé al mundo. Cuando conozcas a alguien estréchale la mano muy fuerte, míralo a los ojos y presentante con tu nombre y apellido. Nunca te arrepientas por haberle pedido trabajo a alguien y que nunca haya respondido tu solicitud. En tus peores momentos arréglate más, nunca hagas visibles las goteras de tu casa. Regala sin recordar.
Vive sin remordimiento, sin culpa, pero vive y cuando las cosas se pongan difíciles sencillamente crea tu propio mundo, quizás en rosa, quizás en otro color, pero no dudes ni por un segundo que la existencia es maravillosa.
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