– ¿Estás segura de lo que vas hacer?

– ¿Casarme? No. La verdad sé que este matrimonio está condenado al fracaso, pero de lo que sí estoy totalmente segura es que  prefiero ser una mujer divorciada a quedarme solterona toda la vida

David y Gaby se conocieron en la fiesta de cumpleaños de un amigo en común; juntos son como el agua y el aceite: ninguno de los dos muestra respeto por el otro, no logran compartir una rica conversación en una reunión social o cena familiar sin que una discusión tome protagonismo y el momento más feliz de ellos es cuando cada uno toman caminos distintos y están solos, sin embargo Gaby hace 5 días luce un costosísimo anillo de compromiso en su dedo anular.

“Niñitas a preparar la pinta (vestido) para el próximo año porque esta que está aquí se casa con su amado”.

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Estos puntos representan lo que vino después de esa ¿gran noticia?. Un silencio más ruidoso que una construcción de centro comercial en pleno desarrollo. Y no porque las presentes sintiéramos “eso” que toda mujer ha padecido el algún momento de la vida: envidia. El silencio era porque estábamos frente a un suicidio civil-religioso-amoroso y Gaby lo sabía.

Su confesión me dejó atónita. Sabía que su matrimonio estaba condenado al fracaso, sin embargo ella quería cortar con toda intensidad el grillete que tenía en su tobillo: “ser soltera”. Básicamente quería cambiar su estado civil, no a casada sino a divorciada, a sabiendas de todo lo que ello implica vivir y más cuando ya sabes el final de la película. En el caso de  Gaby aplica eso que llaman “ceguera emocional selectiva” y va pa´lante.

¿Cuánto daño nos han hecho los arquetipos familiares? ¿Realmente la abuela fue feliz criando sola a sus tres hijos con un esposo a distancia, sin manejar un carro mucho menos una cuenta bancaria? ¿Es realmente sincera la sonrisa de la amiga que publica, no menos de 5 veces por día, fotos con su esposo acompañados de textos idílicos que nos hacen añorar el príncipe digital?

Yo no juzgo a Gaby, al contrario siento un amor profundo por ella y pena a la vez. Pena porque piense que una mujer debe nacer, crecer, casarse y luego divorciarse; porque crea que es una deshonra no contraer nupcias; porque esté convencida que la felicidad se logra al dejar de ser soltera, sin importar si el corazón  grita que no lo hagas, sin escuchar las voces internas que dicen ” vas directo a un profundo abismo”… ¡Al diablo todo esto! lo verdaderamente importante es llegar a una reunión de amigas, si hay “solteronas” mejor, moviendo tu mano derecha como un ventilador para que el destello del anillo de compromiso las ilumine a todas.

¿Cuántas Gaby más conocemos que han jugado a la casita feliz? ¿Cuántas Gaby más habrán por ahí buscando el mejor vestido de novia solo por cumplir la ilusión de un día, sin importar que la desilusión las arrope toda una vida? ¿Cuántas Gaby hemos escuchado planificar una boda-divorcio y quedarse atrapadas en el primer acto, con la amargura a flor de piel de tanta infelicidad?

Así como siempre dicen que “un bebé no viene con instrucciones”,  la vida de una mujer -los hombres pocas veces son presionados con relación a la edad- tampoco viene con un guión a seguir. Ojalá Gaby recapacite, no porque David sea un mal hombre, sino porque sabe que caminará directo a un cambio de vida condenado al fracaso, pero convencida que es el que  DEBE seguir para encajar entre sus afectos y sobre todo para dejar ser parte de las estadísticas de las mujeres solteras a los 40.

 

 

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