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Es curioso. A veces creo que las mujeres estamos programadas para nacer, crecer y sentir culpa hasta el fin de nuestros  días ¿no les parece?

No me digan exagerada porque ahora que comience a explicarme mejor estoy segura que me darán la razón.

La culpa nos acompaña en cada paso, decisión o posición en la vida. Es como esa mejor amiga que conocemos en el jardín de infancia y aunque de momentos nos queremos librar de ella, sobre todo al crecer, se queda adherida a nuestro cuerpo como una huella imborrable.

A continuación se los detallaré con una simple tabla o fórmula matemática:

– Comes algo astronómicamente delicioso = sientes culpa por las calorías que le acabas de meter a tu cuerpo.

– Compras unos alucinantes zapatos = sientes culpa porque consideras  que estás gastando demasiado dinero en cosas innecesarias.

– Disfrutas de un día maravilloso con tus amigas sin tu familia = sientes culpa por haber dejado  solo a tu esposo en casa con los niños.

Es como que si el placer y la culpa estuvieran unidas por un cordón umbilical.

Pero esto no es todo. Cada vez que la culpa aparece en algún momento del día automáticamente entra en escena la justificación.

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Es así como al sentirnos culpables por el rico plato que degustamos -llenos de calorías según tu u otras personas- tenemos que justificar que “esto no es siempre, por lo que si lo hago una vez al mes no  pasará nada ¿verdad?”; al tener la caja en la mano de esos alucinantes zapatos comienzas a convencerte que te lo mereces, pues trabajas muy duro todos los días y nunca te compras nada; y ante el escenario de haber dejado a tu esposo en casa con los niños aunado a la maravillosa sensación de haber compartido un día con tus amigas, debes repetirte frente al espejo como una especie de mantra “yo me sacrifico a diario por ellos, soy la primera que se levanta y la última que se acuesta en esta casa, por lo que merezco un día para mi” aunque acto seguido vayas corriendo despavorida a la cocina para hornear galletitas y reparar así “tu falta”.

En serio señoras ¿por qué debemos ser tan duras con nosotras mismas? ¿Por qué el drama se apodera de nuestras vidas en este orden: culpa, justificación, culpa?.

Constantemente nos quejamos de los hombres y hasta detestamos su forma de ser. Con la mano en el corazón hasta podemos odiar ese pragmatismo simple y puro por cómo ven y resuelven las cosas.

¿Pero saben algo señoras? Las equivocadas somos nosotras y no ellos.

Los caballeros sí que desarrollaron -y muy bien- una fórmula matemática para vivir la vida, se llama SIMPLICIDAD. En su mundo no existe la culpa, pues ellos no están haciendo nada malo, mucho menos aparece la justificación pues no deben explicar cada cosa que hacen en el día.

Sale a tomar cervezas con sus amigos = es normal, ni idea si engorda o no.

Compra una camisa nueva = la necesitaba, fin de la historia.

Disfrutan todo el día con sus amigos = llega a casa, te cuenta cómo le fue, se baña y se acuesta porque están muy cansado (ni idea si el apartamento está hecho un desastre o necesitas ayuda con los niños).

Matemática simple y aplicada.

La pregunta es ¿por qué nosotras no desarrollamos esta misma filosofía de vida, sin dramas, sacrificios, reproches y ni arrugas en el rostro?

El día que entendamos que podemos vivir sin justificar cada paso que damos, sin sentir culpa de haber salido con las amigas, comido tocineta o comprado un jean que resalte nuestras curvas, ese día seremos más felices y libres de nuestras propias presiones.

 

 

 

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