Sin ánimos de juzgar ni criticar, solo de reflexionar: ¿se han dado cuenta cómo muchas mujeres somos criadas bajo la figura del “NO” como elemento acompañante disciplinador-punitivo, porque nos hará todas unas damas de la sociedad?

A ver, déjenme que me explique mejor:

“Las niñas bonitas no dicen groserías”.

“No es de niñas jugar fútbol, ni basketball, ni cualquier otro deporte concebido para los niños”.

“Las niñas no se sientan así, mucho menos se tocan la zona innombrable”  (área ubicada debajo del ombligo, infantilizada con cualquier tipo de palabra linda que las madres utilizan, porque al parecer las hembras no pueden saber el nombre real de esta parte del cuerpo humano hasta alcanzar los 18 años).

¿Ya me explico un poco mejor? Crecemos enmarcadas bajo un inmenso NO en nuestras vidas, que luego arrastramos al mundo real, al de adultos, a ese que nos acompaña en el 82% de la existencia, convirtiéndonos en  un verdadero caos.

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Resulta entonces que ante situaciones hostiles de trabajo no somos capaces de poner un alto porque imagínate ¿cómo le diré que no estoy de acuerdo en la forma como reciben mis ideas?. ¿Cómo le diré que ya no me gusta cómo me trata mi pareja, si siempre escuché que al esposo no hay que llevarle la contraria? . ¿Cómo le diré a mis amigos que ya no me agrada tanto el trato que me están dando porque siento que solo me buscan por intereses?

Es un total pastel.

Aquí es donde entra entonces la compra compulsiva de todos los libros de autoayuda sobre el arte de decir NO de manera educada, porque ojo debes aprender a decir que NO pero de una forma que no lastime a la otra persona, porque tiene sentimientos, sin importar qué tan mal te sientas tu ante esa situación.

Debemos quedar siempre bien con todos y la mejor forma es diciendo que si aunque no nos guste.

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En estos días encontré unas fotos en el baúl digital de los recuerdos, tenía 10 años menos, para mí la mejor edad vivida (los 26 años) y a pesar de notar cambios físicos, le daba gracias a Dios por todo lo aprendido durante este tiempo, si tuviera la oportunidad de retroceder a esa época ¡NI DE VAINA LO HAGO!.

Con los años uno tiene que aprender a decir NO, teniendo presente que son dos letras que siempre sonarán  terribles, aún poniéndole un poema de Pablo Neruda, sobre todo cuando el 99,9% de las personas que preguntan o pretenden algo contigo siempre esperan escuchar  un SI.

Entonces pongo alguno de los ejemplos donde la vida me ha enseñado a decir que NO, solo como un indicador que si fui criada bajo el concepto de que “las niñas no pueden…” y pude cambiar , otra persona también puede hacerlo:

¿Betty puedo ir contigo a hacer ejercicios? “No, ese es mi momento para pensar y meditar, si quieres el domingo nos tomamos un café”.

¿Betty puedes hacer por mí el trabajo que tengo pendiente por entregar? es que tu escribes muy bien. (siempre te adularán para condicionarte a que digas que si).” Gracias por reconocer mi trabajo pero no, con mucho gusto puedo guiarte en cómo debes hacerlo pero no puedo escribir por ti, eso sería fraude”.

– Oye se que te gustan las cheesecake de fresas que venden en Subway, ¿vamos y compartimos una? “Podemos ir pero no compartiré contigo. Yo quiero una completa”

– Qué labial tan lindo ¿puedes prestármelo? “No. La verdad es que ninguna de las dos sabe dónde estuvieron nuestros labios antes de esta conversación.

Me gustas demasiado ¿será que te puedo besar y poner la mano “aquí”? (ese “aquí” se refiere a la zona innombrable por las madres) (otra aclaratoria: sabemos que nunca pedirán permiso para besarte y jugar a “la mano muerta”,  es una forma bonita de escribir la situación). “No gracias, te quiero como un hermano en primer grado de consanguineidad, criados por los abuelos maternos en una granja sin televisión”.

Decir que NO es realmente liberador. Luego que lo digas el mundo seguirá girando, el sol saliendo, la lluvia cayendo y las personas respirando, créeme.

P.D. Para dejar en este mundo un buen legado, por favor no críen a sus hijas diciéndoles que hay cosas que no se deben hacer porque son “niñas bonitas”. Enseñen con el ejemplo, sin distinción de género, que existen comportamientos que pueden herir a otros, es simple. Porque con la mano en el corazón: se ve igual de feo que un niño o una niña se saque los mocos en público  ¿o me equivoco?

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