Finalmente el día tan esperado -quizás más por otros que por mi- llegó: me voy a casar. Así que comienzo hacer lo pertinente: primero lo publico en mis redes sociales;  luego llamo a mis amigas en este orden: a las más cercanas, a las que “debo” decirles porque me invitaron a su boda y a las que pensaron que nunca me iba a casar; para finalmente caer en pánico como toda novia pensando en el gran día y cómo voy a verme.

Comienzo a trazar mi estrategia, mi objetivo a conquistar: el peso ideal para verme como una princesa de Disney el día de mi boda. No me importa más nada. Ni los refugiados, los atentados terrorista o la paz mundial. Me pellizco cuando mis pensamientos toman otro rumbo y me repito a gritos: FOCUS, FOCUS, FOCUS, LO MÁS IMPORTANTE PARA UNA NOVIA ES ESTAR EN EL PESO PERFECTO.

No me importa la familia que viene de lejos, ni los vestidos de las niñitas del cortejo, mucho menos qué vendrá después del “día más importante de toda mujer”. Solo me concentro en hacer lo que nunca he hecho en toda mi vida: cuidarme para una sola fecha. Pasaré hambre, tendré que hacer ejercicios y ¿por qué no? recurriré a la ayuda del bisturí para ser la novia perfecta para la sociedad, pero especialmente para él.

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¿Después? Después no importa. En la luna de miel comeré todo lo que pueda y lo que no también, dormiré hasta tarde y el único ejercicio que haré será caminar en los centros comerciales cuando vaya de compras. Ya para qué me voy a preocupar por mi si lo tendré todo: un marido (no seré más la amiga solterona), un video donde me veré como nunca antes me he visto y la envidia de todas las mujeres de la familia.

Me vale poco si luego soy la esposa gordita porque tendré las fotos de ese día que les enseñaré a mis hijos con orgullo para que vean “lo linda que era su madre hasta que se casó con su padre”. Tampoco me preocuparé si desarrollo algún tipo de diabetes o hipertensión por el desastre de alimentación que lleve, cada vez que vaya al médico mi consuelo será llegar a casa y buscar el vestido de novia para recordar que algún día mi cuerpo entró en él.

Mucho menos le daré importancia a cuando no consiga ropa que me quede bien, recurriré a usar prendas deportivas:  pantalón de mono como lo llaman en mi país y franela ancha, total ya estoy casada y quizás muchos piensen al verme vestida así que soy una chica fitness -eso está de moda-.

Así que listo. Oficialmente soy una novia que pronto se casará, tendrá al lado a su “esposito” y vivirá descuidada hasta que la muerte los separe.

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Luego de este relato que he recreado en mi mente paso aclarar algunas cosas:

1- No me voy a casar.

2- No critico el plan de vida que cada mujer quiera hacer a lo largo de sus años.

3- Aplaudo a las parejas valientes que se casan con todo el protocolo que la sociedad demanda: trajes, niñitos adorables de cortejo, primer baile, lanzamiento del bouquet, liguero y torta. Son mis ídolos, en serio.

4- Simplemente, como en cada post que escribo, quisiera hacer un llamado para que todas las mujeres reflexionen un poco: importan y deberían cuidarse cada día de sus vidas.  El pensar en transformarse solo para una fecha y para que él las vea perfecta pareciera ser un acto  vacío y carente de amor. Sobre todo de amor propio.

5- Otra cosa: ¿el día de tu boda serás realmente tú, la chica que conquistó a ese hombre que la esperará en el altar, o solo un personaje creado que se acabará cuando te quites el vestido de novia al mejor estilo  Cenicienta?

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6- Cuidarse está bien, trabajar para vernos estupendas también pero ¿qué tal si lo hacemos por nosotras mismas y de forma constante? El querer verse “perfecta” el día de la boda quizás forma parte de eso que llaman coquetería femenina, eso se entiende, el asunto está en seguir conquistando metas constantes a lo largo de la vida. En no conformarse con el número que arrojó las báscula cuando luciste el vestido de diseñador y al día siguiente no quererse más.

7- Tampoco este post es un atentado contra las mujeres que sufren con el peso, para nada. Todas somos distintas, afortunadamente venimos en diversas  tallas, altura, color de piel y muchas otras cosas más, por eso no debemos compararnos con ninguna otra persona.

8- Ya para finalizar dos preguntas. Para las mujeres: cuando se empeñan en recrear toda una metamorfosis para el casamiento ¿realmente son ustedes mismas o un personaje que crearon en su mente?. Para los hombres: ¿no se sienten un poco engañados con la mujer “perfecta” que se presentó en el altar y la que amanece luego, día tras día, sin volver a pensar en ella?

 

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