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– Ella: “Betty quiero decirte algo: estoy en proceso de divorcio con mi esposo”

– Yo: ¿Pero cómo va a ser posible? Pensé que estaban muy bien, siempre veo lo que él publica de ustedes en Facebook y todo parece ser felicidad.

– Ella: Ese es el problema Betty: Él es un esposo y padre 2.0 solamente. Yo soy la reina de sus redes sociales pero en la vida real le he descubierto varias infidelidades y ya no aguanto más.

– Yo: -Sin palabras, solo le di un abrazo-.


Esta fue parte de la conversación que recientemente tuve con una gran amiga. La noticia de una separación, ruptura o divorcio para mí siempre es impactante y nunca deja de doler, más cuando no te lo esperas porque las redes sociales “te hacen pensar” que tu amiga tiene una vida falsamente feliz.

Es así cuando en pleno siglo XXI puedo decir cómo los humanos hemos sucumbido a una nueva presión social: la digital.

Esa que te hace construir “una vida perfecta en las redes sociales”. Esa que te da una bofetada con guante de seda al corroborar que “no todo lo que brilla es oro” y que “las apariencias engañan”, pero al parecer a esta nueva presión social digital sucumben casi todas las personas.

Nos sentimos prácticamente “obligados” a compartir nuestra intimidad, felicidad y en algunos casos vidas ficticias en Facebook o Instagram, porque sino la gente va a “sospechar” que algo anda mal en nuestra relación amorosa, cuando la verdad es que mientras más deseos se siente de publicar “lo maravilloso que es el amor”, más distante y falso es en la vida real.

Así me confiesa mi amiga cómo su esposo le reprochaba el por qué ella no publicaba en sus redes sociales fotos de ellos juntos cuando vivían un total infierno en casa. Mientras tanto este personaje guardaba la mejor de las apariencias ante su comunidad de seguidores -llámese familiares y amigos- el mejor compañero (en fotos)  al lado de su esposa e hijos, cuando la verdad era que mantenía varias relaciones amorosas paralelas.

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No es descabellado pensar entonces que las redes sociales se han convertido en la mejor cuartada que toda persona puede tener y es así como el esposo de mi amiga lo aprovechó. Construyó un matrimonio soñado y envidiado por todos en su Facebook para nunca levantar sospechas, cuando la esposa descubre todo y decide poner fin a la relación queda como la “perfecta loca” pues imagínate qué hombre que tenga otra mujer va a publicar fotos de su familia feliz ¿brillante jugada verdad?

Estamos en presencia tal vez de un hombre maltratador digital si hacemos el ejercicio de llevar esto a lo que siempre dicen las abuelitas: los peores son aquellos que son sumamente simpáticos, atentos y diligentes con su entorno social, el alma de la fiesta pues, mientras que en casa llegan a ejercer el rol de un verdadero dinamo, eso que dicen “luz en la calle y oscuridad en la casa”. ¿Cabe entonces decir aquí luz en las redes y oscuridad en el cuarto?.

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Como siempre, es un relato para reflexionar y no para juzgar, es una historia que cualquier hombre o mujer puede vivir, es una experiencia para analizar y sobre todo estar alerta.

Eso que dicen por ahí “quien te ama no te lastima” es totalmente cierto, yo quisiera transformarlo un poco y  escribir “quien te ama no lo publica”.

Ni las redes sociales ni los regalos más caros salvarán una relación que viene en caída libre, borrarán historias de infidelidades ni mucho menos sanarán maltratos físicos ni verbales. Solo el respeto y amor propio podrán salvarte de una relación tóxica real que luego pase al plano digital.

Nota mental: nunca más asumiré que una amiga “está feliz” porque veo fotos lindas de ella en el Facebook. Me preocuparé más por mantener contacto directo con ella y le haré saber que en mi mano siempre encontrará la fuerza que necesite para levantarse y salir de cualquier situación.

A mis amigas queridas, a las mujeres que conozco a diario y a todas aquellas que leen estas líneas de forma anónima y se encuentran en proceso de divorcio o separación mi admiración y respeto para ustedes hoy y siempre.

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