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Nota: el siguiente post está concebido, escrito y dedicado a hombres y mujeres por igual.

Disculpen si en vísperas del “Día del amor y la amistad” no escribo de forma romántica. No publico algo que pueda ir más en tono a las mariposas que suelen sentirse en el estomago al estar enamorados o a la falta de aire cuando vez a esa persona especial, nuevamente ofrezco disculpas.

Me mueve una energía intensa por escribir sobre la libertad que debe imperar cuando se está en pareja, porque solemos perderla sin darnos cuenta.

El tener un compromiso con alguien no significa renunciar a nuestra individualidad, gustos, placeres, pensamientos, creencias ni formas de ver la vida.

Una pareja no puede suprimir tus sueños, decidir qué ropa vestir, someterte a estar en casa con los niños cuando ya éstos superaron la niñez, prohibirte trabajar, la posibilidad de realizar un viaje de trabajo, controlar tus finanzas, practicar un deporte o cualquier otra actividad que te haga estar en contacto con la sociedad,  salir con tus amig@s, ejercer violencia física o psicológica sobre ti -llámese golpes o frases como “eres un@ inútil”, “nunca te librarás de mi”, “sol@ no eres nadie”-.

En el caso de las mujeres, tenemos una grave “patología” a creernos la madre de nuestra pareja, perdemos esa individualidad femenina  para convertirnos en “esto”: “no vas a comer, ya es muy tarde”. “Apúrate, ve a bañarte, ya te escogía la ropa que te vas a poner para nuestra salida. “No, no vas a salir a montar bicicleta con tus amigos, puedes caerte, además en ese grupo hay mujeres que no me gustan”. “No señor, usted no sale de esta casa a tomar cervezas con sus compañeros de trabajo”.

Para los hombres el escenario muchas veces no suele ser distinto. Creo que en muchos salta eso que llaman “patriarcado” para hacer valer única y exclusivamente la forma en la que conciben el mundo. “Aquí se hace lo que yo digo y punto”. “Con esa ropa no vas a salir a la calle”. “En qué se gastó el dinero que traje para la casa”. “Te estás dejando influenciar por tus amigas, si quieres seguir casada es mejor que no las veas más”. “¡Estás loca! Una clase de spinning? no vas a ir con ropa apretada para que otros vean a mi mujer haciendo ejercicios”.

Y así se nos pasó el tiempo. Prohibiendo en vez de viviendo. Amargados en lugar de enamorados. En un desgaste total  por demostrar la supremacía sobre el otro, sin comprender que la esencia de estar en pareja es simple: solo se trata de complementarse, de formar un equipo para apoyarse, de hacer actividades juntos para reír y por separados para compartir historias.

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Estamos tan mal con la libertad que al ejercerla o vivirla se confunde con libertinaje. No nos detenemos a pensar en que son dos cosas distintas como el día y la noche. Que la libertad va de la mano del respeto y la confianza que debe prevalecer con la pareja, mientras que el libertinaje es una línea que una vez cruzada no hay vuelta atrás.

Ojalá tod@s tomemos conciencia de esto, que el amor y la libertad pueden convivir sin lastimar a nadie y que el estar en pareja no significa renunciar a los sueños que tenemos como individuos.

¡Así que viva el amor libre de grilletes, amarguras y prohibiciones!

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