infidelity-379565__180

Infidelidad. Un tema delicado, en el que no pretendo juzgar ni decir qué hacer. Solo comparto la experiencia de vivir un día al lado de una amiga que “perdonó” a su esposo, tras haberle descubierto que “le montó los cachos/cuernos”.

Mi amiga es una mujer muy guapa e inteligente (aquí se cae la primera teoría que el hombre le es infiel a su pareja cuando ésta se descuida, engorda o no se arregla), por donde pasa levanta miradas y puede sostener las conversaciones más interesantes por horas.

En medio de nuestro  encuentro me dice: “llevo 15 años con Alejandro (nombre ficticio que uso para proteger la integridad del caballero) pero la verdad es que no ha sido nada fácil esta relación. A veces me siento ahogada porque él quiere controlarme, pero ¿imagínate cómo se le ocurre pretender eso si yo le ‘perdoné’ hace años una infidelidad? Él no me puede pedir nada y debe aguantarse cómo me provoque tratarlo”.

Esto fue mientras yo manejaba, así que traté de mantener la mirada al frente y ser lo más respetuosa posible. En ese momento a ella -mi amiga- le da por llamarlo y tras 3 intentos seguidos y fallidos, guarda el celular en su cartera y salta de su boca, como si fuese un disparo imposible de detener: “Ahí está, no me contesta, seguro anda con una ‘mujercita’ nueva”.

Ese día lo único que me atreví a decirle fue: “vive con lo que realmente sientas que te haga feliz, con lo que creas que puedas manejar, pero sobre todo con lo que te haga mantener tu paz espiritual”.

La dejé en su casa y al llegar a la mía reflexioné mucho.

Reflexioné sobre el hecho que las mujeres no perdonamos, es más creo que nadie es tan omnipotente como para tener el don de perdonar a otro ser. Por lo que la verdad es que no perdonamos, solo decidimos pasar la página y asumir que, de querer continuar al lado de una persona que en algún momento cometió una infidelidad, hay que tener la suficiente madurez y estabilidad emocional para dejar guardado, en una caja bajo llave, ese capítulo que pasó y que seguramente dolió.

Se confunde entonces mucho eso de “yo lo perdoné pero…” y aquí comienza la lista:

1- “Él no me puede pedir nada”.

2- “Si a mí se me presenta la oportunidad de serle infiel con otro hombre lo haré, para que conozca qué fue lo que sentí”.

3- “¿Otra vez dejaste los zapatos en la entrada? A parte de que me montas cacho, no la más mínima consideración de ayudarme con la casa”. (Aquí aplica que cada ocasión es buena para sacarle en cara al tipo que es un mujeriego).

Entonces, la amarga verdad es que no perdonaste nada a nadie y ahora la que engaña eres tú.

Te engañas a ti misma haciéndote creer que tu relación será igual a antes, cuando no tiene ni sombra de parecerse a lo que era. Te engañas porque te da en la madre verlo a tu lado y pensar cómo será la tipa con la que estuvo, pero lo cierto es que te da miedo dejarlo y quedarte sola. Te engañas porque pretendes ser feliz, seguramente publicando en Facebook una foto con él diciendo “Te amo esposito, juntos para siempre” cuando la verdad es que lo odias, esa publicación es para “la otra” y lo que realmente quieres decir es “no me lo quitaste”.

Así que antes de “perdonar” una infidelidad, es mejor que hagas un ejercicio contigo misma de sinceridad. De preguntarte si puedes seguir con esta persona conociendo la verdad; si eres capaz de pasar la página siendo la de siempre  y no convertirte en una mujer amargada que vive como un detective siguiéndole los pasos al hombre. Porque lo cierto es que sí, el tipo te traicionó, te lo contó y muy probablemente quiera seguir estando contigo, la pregunta es ¿puedes tú continuar con él como si nada hubiera pasado?

Porque si existe algo  peor que una infidelidad es ver a  una mujer haciéndose pasar por víctima toda su vida a causa de un marido infiel, con un discurso repetido de “yo que he sufrido tanto” “yo que he aguantado tanto” cuando lo cierto es que cada quien lleva la vida que quiere tener. La felicidad no depende de otra persona, sino de uno mismo como individuo.

 

 

 

Anuncios