acn-marge-simpson-moto
Foto tomada de internet

Crecemos con muchos mitos infundados en nuestras cabezas: somos princesas;  el príncipe azul vendrá a recatarnos;  me casaré y tendré hijos;  el amor de una mujer es capaz de todo, hasta de cambiar a un hombre.

Precisamente del último mito va el post de hoy.

Analizando bien la situación me doy cuenta que todas las mujeres gastamos nuestras vidas, o la mayor parte de ellas, tratando de cambiar al hombre que tenemos al lado. Nos sentimos tan poderosas, nos creemos que el amor que tenemos es médico – terapéutico, capaz de curarlo todo, como si fuera un jarabe para la tos. Nos engañamos a nosotras mismas porque a pesar de saber -seamos sinceras, siempre lo sabemos pero fingimos demencia- que el tipo que tenemos como compañero no sirve o mejor dicho, no nos agrada del todo, pues nos repetimos en la cabeza,  como una especie de mantra: “él va a cambiar, él lo hará por mí, yo voy hacer que cambie”.

Lamentablemente así como cuando llega el duro momento en la vida de un niño de experimentar la decepción, porque alguien le dice:  “el Niño Jesús no existe, el Niño Jesús son tus papás”, pues de la misma manera mujeres ha llegado el momento de decirles: NO, ese hombre al que le consigues miles de defectos,  que no te gusta cómo te trata,  que te avergüenza frente a tus amigos, ese mismo que seguramente estás viendo hoy en tu cama,  no cambiará por ti, ni porque se lo digas, llores e implores, eso no va a pasar.

Lo más seguro es que la que cambie seas tú, bien sea porque renunciaste a todo eso que te gustaba y te adaptaste a él para no quedarte sola, o te diste cuenta que mereces una vida mejor (nótese bien que digo vida y no alguien) y dejaste esa relación. (En el 90% de los casos pasa el primer escenario y no el segundo)

old-607710_640

Caigo entonces en cuenta ante las miles de inconformidades que escucho a diario en la calle, de mis amigas, de las mujeres con las que he trabajado, del universo entero, que la única que acepta a su hombre tal cual es se llama Marge Simpson. En serio, de verdad lo escribo en serio.

Homero -su esposo- es totalmente opuesto a ella: es bebedor, con algo de sobre peso, un tanto lento para pensar, no le gusta nada relacionado al lado bohemio que pueda tener la vida, no ayuda en nada con las labores del hogar ni en la crianza de sus hijos, la avergüenza con todo el mundo, no quiere a su familia, no tiene ahorros ni plan de jubilación… UFF!  me agota enumerar esta lista… Pero la verdad es que ella siempre lo entiende, genera empatía con él, lo acepta, emplea una psicología distinta para que la pueda entender porque sabe que su cerebro no da para mucho, lo defiende ante cualquiera, sabe que puede estar con otro hombre pero sigue con él… ¿Por qué? porque no vive para cambiarlo, simplemente lo acepta, aprendió a vivir con su Homero lleno de defectos. Ella lo metió en su vida así y asume que fue su decisión, por ende su responsabilidad.

Claro está, no en vano es un personaje de una caricatura, es decir no existe, no es real y por lo tanto no se parece en nada a nuestra propia realidad o a la de nuestro entorno.

margesimpsonarelocoxdlooool12_zpsbd75e70b

Es momento de parar este comportamiento karmático que tenemos la mayoría de las mujeres: el querer cambiar a un hombre. Nadie cambia por un tercero, solo por voluntad propia o porque se enteró que tiene una enfermedad terminal.

Pasamos la vida entera en un solo tormento con la pareja diciéndole: ¿por qué eres así? ¿por qué me tratas de esa manera? ¿por qué no me miras? ¿por qué no puedes ser como el esposo de mi prima? ¿Por qué? ¿ Por qué? ¿Por qué? Y a verdad es, aunque suene antipático escribirlo, que el problema es nuestro y no del hombre. Él lo más probable -pasa en 90% de los casos- no se vendió de forma distinta, fingiendo ser otra persona. El problema está en el 90% de los cerebros femeninos:  pensar que aunque no nos guste tenemos que “agarrarlo” para no quedarnos solteronas, “total no importa, yo lo voy a ir cambiando con el tiempo”

La clásica escena de cómo actúa el cerebro femenino es ver cómo las mujeres saben que van directo a un abismo -sin paracaídas- con un hombre al que conocieron mujeriego, bebedor, jugador de caballo, sin empleo, pero se creen tan arrechas que dicen “no importa, yo lo voy a cambiar”.

Es momento señoras y señoritas de aceptar las cosas tal cual son. De reconocer que lo único que podemos cambiar es el rumbo de nuestras propias vidas y no la personalidad de otros. Que si queremos estar con alguien debemos centrarnos en sus virtudes, aceptando sus defectos y preguntándonos si podemos vivir con ellos. Es tan simple, que lo complicamos.

Yo tengo fe en nuestra inteligencia y en que sí lo vamos a lograr. En que algún día seremos felices siendo nosotras mismas, sin necesidad de contar con la aprobación de un tercero. Disfrutando de una rica compañía sin exigencias ni reclamos, porque en definitivas cuentas: ¿quién es perfecto como para pedirle al otro que lo sea? Todos somos humanamente imperfectos.

 

Anuncios