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¿Cuántas veces no hemos escuchado a una mujer decir esta frase? Alardear entre el grupo de amigas, especialmente si hay solteras-solteronas,  porque siente que se sacó la lotería: consiguió  un hombre que le da “todo” y ahora es de las autodenominadas “bendecidas y afortunadas”.

 

Para mí es escalofriante este cuadro. Peor aún me resulta escucharlo de boca de las propias madres cuando con orgullo dicen: “casé a mi hija bien casada, con un ingeniero que tiene mucho dinero, le montó tremendo apartamento y le compró su carro”. Lo que no saben es que le están entregando un cheque al portador a ese ‘buen partido’ que -lo más probable- aniquilará todos los sueños de ‘esa hija bien casada’.

 

Algunas de las frases favoritas de estos ‘tipazos’ son: “Para qué vas a trabajar si yo te lo doy todo”. “A mi princesa linda nunca le faltará nada, para eso me tiene a mi”. “Sabes demasiado y te van a pagar poco por todo el talento que tienes, quédate en casa y yo te deposito en tu cuenta más de lo que te pagarían en esa oficina”. “No salgas sola, la calle está muy peligrosa, no manejes, espérame y yo te llevo a dónde quieras”. “Todas tus amigas te envidian, es mejor que te alejes y no salgas con ninguna”.

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Y de esta manera te van aislando, minimizando, sacando de circulación,  hasta que “BOOM”  eres hasta casi un donador de órganos de ese hombre que te trata-ba como una princesa. El tiempo pasó y las frases cambiaron: “No sirves para nada, ni para estar en la casa ni para trabajar en una oficina, nadie te contratará”. “¿Que te compre qué? Te volviste loca, la plata ya no me alcanza, resuelve con lo que te deposité, no me pidas más”. “Piensas trabajar por ese sueldito que te están ofreciendo, no te alcanzará ni para ir a la peluquería, además quién atenderá la casa, los niños (ya tienen 10 años) a mí cuando llegue del trabajo, OLVÍDALO!”. “Ya vengo, voy a tomar con mis amigos, no me llames”.

 

Cuando te ves al espejo te das cuenta que te vendiste al mejor postor, a ese que te compraba todo y al que tu también le diste todo: tu independencia, tu esencia, tu alma, en definitiva tu vida.

 

Escribo este post bajo una inmensa preocupación porque cada vez es más común ver estas escenas, ya no en fiestas o conversaciones banales, sino dentro de mi grupo de amigas. Es necesario detener esto, hacer un llamada a la reflexión y a la inteligencia de todas las mujeres para reconocer que se está frente al perfil psicológico de un hombre maltratador.

 

Antes que me llamen feminista, paranoica, exagerada o hasta envidiosa -porque no tengo un hombre que me da todo- copio textualmente lo que escribió hace algunos días el Dr. Alberto Barradas, psicólogo venezolano, conocido en las redes sociales como @psicovivir sobre este mismo escenario, ojalá entonces el mensaje llegue un poquito más, tanto para ‘las princesas de Disney’ como para las que no lo somos, pero igual debemos ayudar y apoyarnos entre todas.

 

“Existe una cosa llamada perfiles psicológicos. Es una especie de criterios donde enmarcamos diferentes tipos de personalidad y los agrupamos (…) Uno de los perfiles más estudiados es el del hombre maltratador. Este individuo hace vivir a su víctima una especie de luna de miel. Se evidencia en que ofrece todo y peor aún, lo da. Te seduce a través de la dependencia (yo te llevo a donde sea, tu decoras como desees, tú no tienes que trabajar, puedes andar siempre conmigo, etc). Este cuento de hadas es una historia de terror ya que estos individuos entre tanto ofrecimiento, si uno no se da cuenta, nunca toma en cuenta a la otra persona, es una transición de “yo te doy para que seas feliz, pero tú me perteneces”. Todo esto en un mínimo lapso de tiempo, evidenciando (sin que su víctima se dé cuenta) la superficialidad de sus sentimientos y compromisos. La víctima jura que es amor a primera vista y que este tipo es lo mejor que le ha pasado en su vida. De hecho él le dirá al principio todo lo que ella quiere oír. Con el tiempo y según las estadísticas, vendrá el  hacer culpable a la víctima cuando no hace lo que él quiere, los insultos y por último los golpes. Tenga cuidado, estos no son juegos. Es algo bastante peligroso y demasiado común”

 

¿Te suena familiar algo de lo antes citado? Si es así, CORRE, siempre se está a tiempo. Si conoces a alguien que esté viviendo este cuento de hadas al menos sugiérele leer este post y pregúntale si ¿todavía quiere ser del grupo de las ‘bendecidas y afortunadas’?

 

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