Foto tomada de internet
Foto tomada de internet

A pesar de la evolución y las grandes batallas ideológicas que se han librado en las últimas décadas a favor de la igualdad de género, abundan en la actualidad -algunos disfrazados, otros con la cara al descubierto- hombres con la armadura puesta del machismo, reyes absolutos de la verdad y el poder de subestimar la integridad de las mujeres.

A estos “hombres” los podemos encontrar desde el taller mecánico al que llevamos el carro, hasta en la compañía más top de la ciudad, seguramente desempeñado un alto cargo como ejecutivo, lo que quiere decir entonces que el machismo no distingue clase social ni profesional.

Sin embargo, y a pesar de lo terrible que puede ser lidiar con un hombre machista, he sido testigo -desde niña y hasta el presente 2015- que muchas mujeres son promotoras y defensoras del machismo, cosa que, confieso, me hace doler el hígado.

Casi caigo como “Condorito”  hace un par de meses cuando en una reunión social donde conversaba con un grupo de mujeres, una de ellas -profesional- dice algo así como: “la mujer debe saber hasta dónde hablar y no humillar al hombre. En una reunión de trabajo -y hasta social-  son ellos los que deben hablar; muchas veces nosotras lo que hacemos es ponernos intensas con nuestras conversaciones, interrumpiéndolos, y por eso perdemos el respeto de los hombres”.

Foto tomada de internet
Foto tomada de internet

Tuve que recuperarme dándole varios sorbos seguidos a mi bebida para hacerle entender a esta ejecutiva lo equivocada que estaba. Lo que debe imperar en toda reunión y ante cualquier persona -hombre/mujer- es el respeto por sus ideas y posiciones. Que todos, a pesar de las discrepancias, debemos ser escuchados sin temor al qué dirán y que la presencia de las mujeres en una reunión no es para asentar con la cabeza de forma afirmativa todo  lo que su hombre dice,  reprimir sus ideas o  buscar en cada rincón del cerebro  “las palabras perfectas” para no humillar a la figura masculina.

Seguimos con otra situación. Hombres que, con sus parejas al lado, coquetean con todas las féminas que va encontrando a su paso. A pesar que esto te despierta un tic nervioso en el ojo derecho de la arrechera que agarras, tú justificas este comportamiento diciendo: es hombre y es natural que vea a otras, no lo puede controlar… Quizás lo que no sea natural es que tú te conformes con un trato tan irrespetuoso y aúpes un comportamiento tan despreciable como éste.

Foto tomada de internet
Foto tomada de internet

Otra clásica: “no hay hombre santo, el mío me ha sido infiel pero él me ha explicado que es algo genético, que no puede controlar y esto no quiere decir que no me ame, porque siempre vuelve conmigo”. De la infidelidad hablaré en otro post. No juzgo, simplemente digo que si eres de este tipo de mujeres estás lanzando cada día a la calle un hombre más arraigado al machismo que la propia palabra, porque en definitiva tiene licencia para hacer lo que se le venga en gana. Solo dos cosas: incontrolable es la necesidad de un perro para orinar y sin embargo puede procesar en su cerebro animal esperar a que su amo lo saque a la calle para hacer sus necesidades, y la otra es que si este chico es de corazón grande pues es más fácil que no se comprometa con nadie, viviendo así a sus anchas.

Una que he vivido en carne propia en ambientes laborales: El jefe -hombre- grita, convulsiona cuando se le presenta el trabajo final, es déspota y pisotea a quien se le aparezca por delante. Las mujeres -profesionales- justifican esto argumentando: pobrecito! tiene tanta responsabilidad con ese cargo que por eso estalla, grita de lo apasionado que es con el trabajo, es todo un workalcoholic . En el caso de que este puesto lo ocupe una mujer, las mismas profesionales dicen: esta tipa está loca! grita como una histérica, seguro debe tener la menstruación o hace mucho tiempo que no sale con un hombre.

Foto tomada de internet
Foto tomada de internet

Y ya para finalizar, aquí va una a la que le tengo muchísimo miedo: cuando nace un varón en la familia. Es terrible escuchar de la madre cómo asoma los vestigios de lo que será una crianza machista: “él va a tener bastantes novias”, “que salga con todas las que quiere”, “yo le taparé sus travesuras”, “a mí que no me vengan a llorar las niñas diciéndome que mi hijo las engañó”… Al pasar el tiempo, este hijo contará con una madre como aliada, con la que se reirá cada vez que trate  mal a una mujer  y con la que obtendrá la bendición para ser un verdadero patán… Reflexiona:  Un hijo es una bendición, entrégale al mundo una persona llena de valores y respeto hacia los demás, la vida te lo agradecerá!

Así que por favor, si leíste este post hasta el final y sientes que eres una mujer machista es hora que te detengas, si por el contrario no lo eres pero cuentas con varias en tu círculo de amistades alértalas, explícales el terrible daño que le están haciendo a la sociedad y ayúdalas porque seguramente tienen una autoestima tan baja que las lleva a meterse en estos personajes macabros.

Anuncios