Proyecto
Proyecto “You are beautiful” de la fotógrafa Jade Beall

“No”. “Ni se te ocurra”. “Bórrala ya”. “No la vayas a poner en Facebook”. “Puedes quitarme la papada”. “Tómamela pero que solo se vea mi rostro”. “Ya va, déjame sentarme”. “Espera, pásame al niño para cargarlo y que me tape”. “No estoy de ánimos”. “Pónganse ustedes que yo la tomo”.

Estas son tan solo algunas de las respuestas que todas las mujeres, me atrevería a decir que en un 90%, hemos dicho alguna vez cuando llega el maravilloso o terrible momento de tomar la foto. ¿Verdad que si?

Esta reflexión llega a mi cabeza cuando me topo por “causalidad” en las redes sociales con una antigua campaña de Dove, que en mi criterio jamás perderá vigencia hasta que no tomemos conciencia ni control del daño que nos hacemos, cuando subestimamos y pateamos nuestra autoestima como una lata de refresco en la calle.

Al ver este video me pregunto  cosas como: cuándo nos convertimos en zombis? a dónde fue a parar nuestra autoestima? cuándo caraj@* dejamos de ser lindas?

Porque sí, porque estoy convencida que toda mujer es linda. Más allá de esa frase cliché de “la belleza interior”, creo que la clave de todo radica en que cuando estás realmente conectada con tu cuerpo, alma y espíritu el único “Photoshop” que necesita tu cuerpo es una sonrisa. Es tan sencillo que lo volvemos complicado.

Me duele escuchar de amigas cercanas, sobre todos con hijos, frases tan tóxicas como “parezco una vaca”, “estoy asquerosamente gorda”, “no me gusta cómo me veo” y acto seguido por supuesto, se niegan rotundamente a aparecer en una foto. Yo les pregunto: han concientizado en la clase de personas que están criando? Muy probablemente serán seres inseguros e inconformes con su apariencia física, porque fue el ejemplo más cercano con el que crecieron: una madre que se fustigaba por no tener “el cuerpo perfecto”.

Foto tomada de internet
Foto tomada de internet

Igual de dantesco es escuchar críticas tan duras cuando alguna “valiente” se atreve a posar frente a un lente fotográfico libre, sin poses, maquillaje o retoques. El mundo se torna al revés porque esta persona “está loca”, “cómo se le ocurre no arreglarse para la foto”, peor aún “cómo se atreve a cargarla en sus redes sociales” y se disparan los más crueles comentarios de la especie humana, cuando la realidad es que el problema es tuyo, porque es a ti a quien le molesta, no de esta chica que simplemente está viviendo a plenitud, sin grilletes, ni ataduras sociales.

Yo les confieso que cada día hago un ejercicio de amor y aceptación al verme en el  espejo porque soy única. Sé que no existe otra Betty por ahí deambulando, porque no somos piezas enumeradas manufacturadas en China y pensar en esto me alegra el día. Cuando alguna mujer me pregunta, de forma condicionada, “tú no tienes celulitis verdad?” -como que si el mundo femenino girara en torno a estos benditos huequitos- le respondo: claro que sí tengo! y estrías también!.  Eso es lo que me hace humana y real, pero la verdad es que no me detengo a pensar en esto, sino en todo lo que puedo conquistar en mi día a día, hasta donde quiero llegar y en lo bien que me queda el último vestido que compre, con celulitis incluida.

Es simple: si no estás contenta con alguna parte de tu cuerpo, está bien, es válido y legítimo, trabaja duro en lo que quieras cambiar, hazlo por ti, tú puedes hacerlo, pero por favor nunca dudes en lo linda que eres y que tienes un montón de cosas maravillosas que darle a este mundo que tanto lo necesita.

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