Foto tomada de internet. Sex and the city
Foto tomada de internet. Sex and the city

Advertencia: el siguiente contenido refleja una opinión legítima de la autora sin que esto conlleve a emitir juicios de valores por parte de las personas afectadas. Puede que se muestren diálogos que generen rechazo por parte de las lectoras, por lo que  desde ya NO ofrezco  disculpas por las posibles molestias ocasionadas.

A través de la historia las mujeres, así como también los afro descendientes la tuvimos un poquito más ruda (difícil), pues tuvimos que demostrar que nuestros deberes y derechos en la sociedad debían de ser tan iguales como a los de los hombres.

Términos como “liberación femenina” o “igualdad de géneros” es una bandera que llevamos las mujeres en nuestro pecho; una especie de hueso que no queremos soltar para demostrar que somos “tan arrechas” -aguerridas- como cualquier hombre, más aún cuando nos toca defendernos en un campo laboral lleno de masculinidad, con una que otra tara mental llamada “machismo”.

Creo que no está en duda que  hemos demostrado nuestra capacidad de ser tan iguales a cualquier otra persona y también que, en medio de ese afán de demostración,  muchas veces hemos transformado todo en una desgastante batalla o combate, pero de esto último no es precisamente de lo que quiero hablar en este post.

Foto tomada de internet
Foto tomada de internet

La verdad de mi escrito es que cada vez oigo con más asombro, al punto  de casi de sangrar mis oídos, cómo mujeres empoderadas y ostentando los más altos cargos laborales son sometidas a un yugo económico por parte del patriarca de la casa. Peor aún, entro en estado de negación cuando alguna amiga deja colar en una conversación algunas de las siguientes frases:

– “Ay no mi amor! A mí que me mantenga! Que me pague todos los gastos! No me quiere ver “buenota”? pues entonces que “piche bastante real”.

– “Yo ya le pedí de regalo de navidad la última cartera de  Carolina Herrera, es lo mínimo que me merezco“.  (valga acotar que en muchas ocasiones no tienes ni medio encima para llenar el tanque de gasolina del carro, pero la cartera va).

Y ahora la más lapidaria, la más despreciable de todas (al mejor estilo del chacal de la trompeta), por la que rezo todas las noche para no volverla a escuchar de ninguna mujer cercana o lejana:

– “Yo sé que él tiene otra, pero qué crees? que yo voy a ser estúpida y botar todos  los años que le he dedicado a esta relación? Que le voy a dejar el camino así de fácil a la otra para que se quede con todo: casa, carros, dinero? Qué va mi amorrr!!! Yo soy la legal, así que mientras me siga pagando mis gastos y ponga las cosas a mi nombre que haga lo que le dé la gana”.

… (suspiro, tomo aire, agua y café para continuar escribiendo. Whisky no porque es muy temprano)

Cuando se emprende una lucha o presumes de compartir los mismos sentimientos por una causa específica, se debe ser cónsono entre lo que se dice y se hace. De nada sirve que alardees que puedes cargar 4 botellones de agua, dos en cada mano, si tu libertad financiera depende exclusivamente de otra persona, pues estarías interpretando doble papel: una feminista empedernida en la calle y una mujer abnegada en casa,  a la que le deben pagar hasta la remoción de una uña encajada, porque a la mujer “ni con el pétalo de una rosa”.

Peor aún, cuando alguien somete tu libertad o desarrollo personal al chantaje económico y te suelta frases como: “para que vas a trabajar si yo te doy todo”; “y si aceptas ese trabajo quién me va a poner la comida cuando llegue a casa”, sencillamente está ejerciendo sobre ti violencia de género solo que sin golpes, pero es tan mortal como una paliza despiadada.

No me gustan las posiciones radicales ni extremistas de ningún ámbito: políticas, religiosas, deportivas, feministas ni machistas, pero sí creo que debemos mantener un equilibrio y que va en cada una de nosotras; en que no le podemos endosar como un cheque en blanco nuestra felicidad ni mucho menos nuestra independencia económica a ninguna persona y que si hemos sido tan valientes en demostrar nuestras capacidades, por qué nos vamos a auto limitar en el plano financiero.

Compartir los gastos con tu pareja, invitarlo a una rica cena e  invertir en ti cuánto dinero te apetezca forma parte de la liberación femenina, no la uses selectivamente, úsala en cada paso que des. Dividir los compromisos financieros de convivencia con tu compañero de vida o hasta mucha veces asumirlos por completo si él está pasando  por una inactividad laboral se llama ser un equipo, no “una tonta que no le saca el dinero a su marido” como posiblemente muchas de tus amigas te pueda llamar.

Estar sometida al yugo económico y ser chantajeada se llama violencia y la solución está en tus manos, no te digo que te separes, te digo que seas creativa y te pongas a vender tortas, piedritas de playa pintadas a mano o  figuras de origami, pero muévete y no esperes que las cosas te caigan del cielo.

Así de simple!

 

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