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Sin darnos cuenta, desde que llegamos a este mundo, la vida gira en torno a una constaste renuncia para poder avanzar. Comenzamos conociendo ese lazo único e irremplazable con la madre a través de la lactancia, que en algún momento debemos dejar para continuar creciendo.

Sucede lo mismo con el biberón o chupón. A medida que pasan los años debemos renunciar por completo a ellos sin importar cuánto nos gusten o causen placer porque sencillamente CRECIMOS. Para poder caminar de forma libre e independiente es necesario renunciar, sin ningún tipo de piedad, a ese salvavidas que nos hace sentir el ser humano más seguro de la tierra: la mano de la madre o padre cuando damos los primeros pasos. Y así transcurre la vida cada vez que cambiamos el calendario en la pared de la cocina.

La situación no suele ser distinta cuando alcanzamos eso que llaman la “edad adulta”, que para algunos comienza de forma prematura y para otros casi cuando son considerados “persona de la tercera edad”, pero aquí entra eso que llaman “libre albedrío”. Continuando con la idea, a medida que le sumamos una vela al pastel de cumpleaños, de la misma manera le sumamos a la lista algo más a lo que hay que renunciar para seguir avanzando, y esto no debe verse como una tragedia griega.

Es necesario en algún momento de la vida renunciar al cuarto que nos construyó la familia, para darle paso a un nuevo capítulo en 4 paredes de un lugar extraño. Se debe de igual manera renunciar a la colección de muñecos de McDonald’s y a la almohada que ha sido la mejor compañía  por muchos años -y que probablemente esté amarilla por tantas lágrimas y babeadas que ha recibido la pobre- , para enfrentar  eso que llaman “mundo real”.

Llegará además ese momento crucial de sincerarnos con nosotros mismos y donar toda la ropa que usamos  en la época universitaria, no importa si aún nos queda, porque la verdad es que quizás ya no nos veamos tan cool como hace 10 años. Y muy seguramente toda la colección de discos, películas y hasta de fotos las guardaremos en una caja de máxima seguridad porque sencillamente los gustos cambiaron. Esto sin contar los nombres de las personas que dejaremos atrás, porque maduramos y no existe ya un punto de encuentro entre ellos y nosotros.

Quizás lo más difícil de todo esto es cuando reflexionamos en que debemos soltar, un poco al principio y luego de forma definitiva, esa cuerda salvavidas que tenemos con los padres porque sencillamente crecimos; así que debemos admitir que esa trillada frase que la gente tanto dice “pide y se te dará” se cumplió como una profecía de Nostradamus, porque el deseo que por años pedimos mentalmente: “quiero ser grande” se materializó, lo que no sabíamos era que para disfrutarlo teníamos que soltar muchas cosas.

Lo importante de todo este proceso es la actitud. Si bien es cierto que todos los cambios son difíciles, no debemos hacer una tragedia cada vez que pasamos a una siguiente etapa. Es analizar que todo necesita un tiempo de adaptación y continuar disfrutando de la vida. Es mirar al pasado para que te saque una sonrisa en el presente, aún de lo que pudo ser muy fuerte y amargo porque estás aquí cierto? eso quiere decir que lo superaste.

En definitiva se trata de ir soltando cada vez más, poco a poco, para poder seguir avanzando, creciendo, conociendo y por qué no dejando huellas por donde caminas, eso sí: de forma divertida!

Así de simple!

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